Autor : Ana Cabrera Capote universoanitabeige@gmail.com

martes, 2 de mayo de 2017

RANITAS EN LA CREMA





         Reactivando de nuevo mi blog,  que yo no sé por qué de repente tiene que pasar el tiempo tan deprisa,  escribo un cuento, de los que hacen mucho pensar, y sobre todo,  subir el ánimo,  para esos momentos en los que parece,  que cuanto más esfuerzo hace uno, más dificultades se encuentra, pero quizás lo más importante es el camino que recorremos,



 y que cuando nos parece que es imposible que uno tenga las circustancias tranquilas de los demás,  resulta que el patalear,  seguir, no rendirse y etc... es lo que realmente hace "salir a flote" como quien dice, y en realidad todo el esfuerzo y piedras en el camino, han servido de algo positivo, que e hacernos crecer mucho más en experiencias, que si hubiéramos "cruzado esa crema",  sin tantas dificultades.... desde luego me queda pendiente leer más cosas de este autor :)



  Jorge Bucay "Recuentos para Demian"







RANITAS EN LA CREMA




               


Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema. 



Inmediatamente sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar mucho tiempo en esa masa espesa como aremas movediza. 



Al principio, las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente pero era inútil,  sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sintieron que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar. 


Un de ellas dijo en voz alta: 

- No puedo más. Es imposible salir de aquí,  essta materia no es para nadar.  ya que voy a morir, no veo para qué prolongar este dolor. no entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril. 

Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez siendo literalmeente tragada por el espeso líquido blanco. 

la otra rana, más persistente o quizás más tozuda, se dijo: 



- No hay caso ¡ Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo ya que la muerte me llega,  prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morrir un segundo antes de que me llegue mi hora. 

Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar,  sin avanzar un centímetro. 

Horas y horas¡¡
Y de pronto... de tanto patalear y agitar , agitar y patalear...

la crema,  se transformó en manteca. 

la rana sorprendida dio un salto y patinando llegó hasta el borde del pote. 

Desde allí,  sólo le quedaba ir croando alegremente de regreso a casa. 






  Jorge Bucay "Recuentos para Demian"














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